Pequeños homenajes a los grandes

En esta página no tenemos crucigramas. Actores, actrices, escritores, periodistas y dibujantes hacen un homenaje, cada uno a su manera, a las distintas estrellas del cine europeo.

La genialidad de lo auténtico

Por: Carla Yépez (actriz)

Lo fascinante de los actores europeos es que pueden estremecer al espectador mediante una real vivencia de sus personajes, sin extensos diálogos o grandes acciones. Denis Lavant, en Mauvais Sang, convierte su cuerpo en fuego que explota dentro, como si huyera de sí mismo mientras la cámara lo persigue, capturando su euforia a través de los golpes en su estómago al ritmo de Modern Love, de David Bowie. Igual con la escena final de Beau Travail, Lavant está solo, fuma, baila lento, el ritmo crece, se desacelera y de pronto se vuelve un ave carroñera en guerra y en celo, endemoniada, girando en círculos y rodando por el suelo. Mads Mikkelsen es otro actor que inquieta, es solo ojos y boca en silencio, con algo oculto que late fuerte; guarda y acumula resentimiento que no sabemos en qué momento se desbordará. En Jagten, con pequeñas contemplaciones y mínimos movimientos expone su ira y desolación, que van creciendo y se desatan en los instantes exactos hasta que en la escena final, su mirada, llena de miedo y tristeza, se vuelve nuestra. Adèle Exarchopoulos llega a la genialidad a través de su intuición. Es tan joven que tal vez aún no puede ver con total conciencia la maravilla que ha creado con su interpretación en La Vie d’Adèle. En la película, vive cada mirada fija y tímida, cada trago de saliva donde se guarda las palabras, cada respiración ansiosa que intenta controlar. Emmanuelle Riva, ya octogenaria, se permitió sentir algo que es espantoso imaginarlo y peor intentar vivirlo: pasar por la enfermedad, el no poder valerse por uno mismo, el perder la memoria y los recuerdos, estar abandonado, su propio cuerpo y mente tratando de abandonarla. Emmanuelle se entrega en Amour a vivir una experiencia terrorífica que, tal vez más que interpretación, fue compartir con el público la experiencia de llegar al final de la vida. Daniel Day Lewis en My Left Foot, borra la conciencia física de su cuerpo para crear una nueva vivencia de “parálisis cerebral” y desequilibrio total, descubrir la sensación del descontrol físico y emocional, gritos convulsionándole el cuerpo.

Estampita a Georges Méliès

Por: Fabián Patinho (escritor, dramaturgo, artista plástico)

Georges Méliès (1861-1938)
Funámbulo Georges, alucinado santo
Viajero imposible, maestro de espantos
Luna sin Dreyfus, brillo de amianto
fabrica juguetes y olvida los llantos.

La noche de Pasolini

(A propósito del filme de Abel Ferrara)

Por: Fausto Rivera Yánez (Periodista y escritor)

Sobre tu cuerpo quedaron las marcas de la noche. Un Alfa Romeo GT plateado te pasó por encima de la espalda, patadas revestidas de cuero te hundieron el vientre, puños de manos jóvenes e ingratas te desfiguraron la cara. El miedo a lo desconocido sepultó tu vida. Lo que quedó de ti, algo transparente cerca de la playa, fue abandonado en Ostia, a pocos kilómetros de Roma, la ciudad que incendiaste con tu mirada y también la que te vio arder. Horas antes de tu último día estuviste con tu madre, quien te acarició la frente y luego todo estuvo bien; con  tu gran amiga Laura Betti, que te invitó a bailar y la conciencia se te destrabó; y diste una de las más luminosas entrevistas, en la que olfateaste el final. Dijiste, tras tus lentes de pasta gruesa, con la cara siempre seria: “La tragedia es que ya no somos seres humanos, somos extrañas locomotoras que chocan unas contra otras. Y nosotros, los intelectuales, tomamos el horario de los trenes del año pasado, o de hace diez años, y decimos: qué extraño, esos dos trenes no pasan por ahí, ¿cómo es que se han destrozado de esa manera? O el maquinista se ha vuelto loco o es un criminal aislado o se trata de un complot. El complot, sobre todo, nos hace delirar. Nos libera de todo el peso de enfrentarnos solos a la verdad. Qué bien si mientras nosotros estamos aquí charlando alguno en una taberna está haciendo planes para deshacerse de nosotros”. Escandalizar era un derecho para ti y ser escandalizado un placer. “Quien rechaza ser escandalizado es un moralista”. Y, desde todos los frentes, en todas las posturas, luchaste por esa idea: con la palabra, con la imagen, con el pensamiento, con el cuerpo. Fuiste la noche incomprendida de una época que no te merecía. Ahora eres la blanca e incompleta noche a la que siempre asistimos en horas de ansiedad.

Woody Allen es el mejor cineasta europeo

Por: Juan Fernando Andrade (Escritor) 

Woody Allen se hizo adulto y hombre y cineasta viendo películas europeas en los cines de su barrio, en Brooklyn, desde finales de los 50′. Entre sus favoritas de todos los tiempos están Los 400 golpes, de Truffaut; de Fellini; El ladrón de bicicletas, de De Sica, La gran ilusión, de Renoir; y El séptimo sello, de Bergman. Y aunque dice que ha preferido hacer comedias porque no tiene el talento suficiente para hacer películas “serias”, cintas como Interiors, Stardust Memories, Another Woman, Crimes and Misdemeanors y Husbands and Wives, que parecen los consejos de un discípulo de Bergman a un fanático de Fellini, muestran a un cineasta obsesionado con mostrar el lado más frágil de sus personajes, esas esquinas donde quedan expuestos el pellejo del alma y los mecanismos del corazón. Esas ganas de ver lo que nadie quiere mirar y de decir cosas que preferimos no decir, transgrediendo siempre las costumbres de la narrativa cinematográfica, son una clara herencia del cine europeo.

La lista del Christian León

(Crítico de cine)

1. Marlene Dietrich, por su elegancia glaciar.

2. Sophia Loren por sus interpretaciones de carácter, contoneo de cintura y mirada inolvidables.

3. Anna Magnani por la voz gruesa y alta, la encarnación perfecta de los afectos desbordados.

4. Anna Karina, por su eterna juventud que enseñó que actuar es jugar.

5. Ingrid Bergman, por esa mezcla de niña y mujer que dirá de un condolido brillo a sus papeles.

6. Juliette Binoche, calor y distancia al mismo tiempo, sosegada pasión ahí donde sea posible.

La lista de la Nessa Terán

(periodista)

1. Tilda Swinton: no sé si cuenta como europea porque Tilda no pertenece a este planeta. Si podría sentarme a tomar un café con cualquier persona, probablemente la elegiría. No importa el género, Swinton siempre logra imprimir en sus personajes una ansiedad tan real, tan humana… es imposible quitarle los ojos de encima.

2. Léa Seydoux: porque solo a una mujer tan jodidamente atractiva le puede quedar bien el pelo azul. Es increíble cómo maneja un balance tan sutil entre sex symbol y gamine francés.

3. Anna Karina: antes de que Amélie se convirtiera en el símbolo de las chicas hipster-bohemias-sensibles, todas querían ser como Odile en Bande à Part.

4. Zsófia Psotta: la protagonista de la increíble película húngara White God tiene apenas trece años y un futuro brillante.

5. Monica Bellucci: es la Sophia Loren de esta generación.

La lista del Ave Jaramillo

(actor)

Mis primeros viajes a Europa los hice a través del cine, sentado en mi casa, cuando comenzaban a vender los primeros DVDs piratas. Tal vez, mi primera aventura fantástica se la debo a Federico Fellini, en Amarcord. Una de las imágenes que jamás se me van de la cabeza es el del gran trasatlántico que corta la niebla como un sueño. La Haine de Mathieu Kassovitz (director y guionista) me dejó con la belleza del odio en blanco y negro y una escena homenaje de Saïd Taghmaoui a Taxi Driver. No puedo dejar fuera de esta lista a Luis Buñuel y Viridiana: una bella herejía.  Para cerrar la lista quiero mencionar a un actor y una actriz que siempre me han fascinado: Robert Carlyle (The Full Monty, Hitler: The rise of evil, Trainspotting) y Marlene Dietrich cuya imagen sobre un columpio en El Ángel azul me recuerda por qué me enamoré del cine.

El día que conocí a Fellini

Por: Paul Lalaleo (actor)

El día que conocí a Fellini era martes y hacía frío. Llegué tarde a clases (como siempre). Eran las 7am y nos tocaba ver una película para analizarla y luego debatir, qué aburrido. Me acomodé en la silla, listo para dormir. Blanco y negro, sin música, letras en italiano: doblemente aburrido. Era de Federico Fellini. El calor, la atmósfera, el silencio, alguien volando. No pude cerrar los ojos. Alguien piensa igual que yo, pensé. ¿Qué es esto?, ¿Qué está pasando? La película seguía y yo fluía con ella. No entendía nada pero me fascinaba, me hacía respirar más rápido. Carla, oh Carla, cómo olvidar la escena en que come pollo, se ríe y toma vino. Sus cejas. Me di cuenta que algo estaba cambiando en mí, se me llenaron los ojos de lágrimas, era una sensación parecida a la que experimenté cuando vi Opening Night de Cassavetes: estaba extasiado con la atmósfera. Quise ser Fellini o  regresar a mi niñez; allá donde están esas imágenes en blanco y negro en las que yo juego en la escuela. Tres días después entendí quién era Guido y por qué le atormentaban todas esas mujeres de las que huía y a las que amaba. Hoy tengo muchas amigas.