Cuatro miradas sobre Antoine Doinel

Todos recuerdan a ese niño precoz que protagonizó Los 400 golpes. Jean-Pierre Léaud creció en las películas de François Truffaut y se convirtió en Antoine Doinel. Este personaje, que roza el límite entre la vida y la ficción, apareció en más de un film de Truffaut, convirtiéndose en uno de los rostros más representativos de la Nouvelle Vague. Pero Léaud es más que eso, su belleza particular, contraria a la del corpulento Belmondo, es parte esencial de la poesía de la Nueva Ola. No queremos recordar a Léaud viejo, vestido de rey ni muriendo; preferimos recordarlo en blanco y negro y con un cigarrillo en los labios. Por eso hemos preparado este homenaje.

400 golpes en el alma

Por: Fabo Ceferino (cinéfilo)

Cada vez que cierro los párpados quisiera recordar a Antoine Doinel fumando un pequeño cigarrillo mal armado, sintiendo en el aire esa dicha que es descubrirse a sí mismo a través de un libro. La sobriedad que derrama Antoine en ese instante lo hace parecer un hombre de cuarenta años. Todo el peso de la existencia brilla en su triste mirada.

Cuando se quiere ser director, se ruega a todos los dioses encontrar en el camino a un Jean- Pierre Léaud: actor vivo, más vivo que nadie, guapo, en el sentido menos obvio de la palabra, pícaro y sensible hasta los huesos. En Los 400 golpes de François Truffaut, la psicóloga le pregunta al niño en el centro de rehabilitación si ha estado con una chica. Él no responde con un diálogo. Sólo sube las cejas dos veces. Y nosotros, los espectadores, caemos rendidos ante esa alma inquietante y solitaria.

Cursi, claro que soy cursi, si no cómo sobreviviría a este mundo.

Jean-Pierre Léaud

Antoine Doinel François Truffaut Caprichos de lenguaje
Por: Diego Coral López (Guionista)

Quizás el primer niño que vimos crecer en pantalla, Jean-Pierre Léaud tenía catorce años cuando el mundo cambió. Hubo un tiempo en el que el cine cambiaba todo.

François Truffaut, director de cine francés, dirigió su primer largometraje en 1959, cuando tenía veintisiete años. El protagonista era un niño de catorce años llamado Antoine Doinel, y Léaud lo interpretó. La película se llamó ‘Los cuatrocientos golpes’, y cambió al cine para siempre.

Antoine Doinel creció ante nuestros ojos en cuatro películas más, hasta que cumplió treinta y cuatro años. Hay un instante en el que a los catorce años todavía eres niño. Truffaut nació a los veintisiete años, ¿no?

Si me ponen a escoger entre Léaud o Doinel, obviamente me quedo con Doinel.

¿Quién es Léaud? Léaud es más Antoine Doinel que Jean-Pierre. El actor es más personaje que intérprete. De la misma manera, por la misma arbitrariedad del lenguaje, Doinel encarnó el sueño de Truffaut de verse a sí mismo en su primer largometraje. Es decir, Léaud creó a Truffaut más de lo que François soñó consigo mismo.

Léaud dice que encontrar a Truffaut fue el milagro de su vida.

El flaquito descafeinado

Por Juan Carlos Moya (novelista)

Antoine Doinel es Jean-Pierre Léaud. Jean-Pierre Léaud es Antoine Doinel. Ambos son flacos, franceses y llevan una melenita de pelo lacio. Con la gracia de un soldadito de plomo, van descubriendo la vida, ese juego precoz llamado amor. En Los 400 golpes, Antoine Doinel es un joven criminal que corre fugitivo hasta el filo del mar. Solo. Más solo que un perro. Chico tierno. Más tierno que un canario sin desayuno, en su jaula, una jaula metafísica, que le remarca a su leve figura —de pecho plano y cintura de señorita— la presteza de un pájaro con flequillo sobre los ojos. Jean-Pierre Léaud es el actor fetiche de Francois Truffaut. Hizo 7 películas con él. Ahora viejo y gordo, parece una morsa pálida de pelo desgreñado. Todas sus mujeres —las de las películas— reconocían en él a un niño de huesos de azúcar, inofensivo.

Jean-Pierre Léaud se caracterizó por imponer un entusiasmo naif a sus personajes. Bertolucci aprovechó ese talante y lo reclutó en El último tango en París, otorgándole el papel de un novio demasiado feliz, anodino —hipster o millenial—, o alguna sustancia light y descafeinada. Ridícula.

Antoine Doinel, el espejo de Truffaut

Por: Carla Yépez (Actriz)

En Les 400 coups (1959), la imagen de un jovensísimo Jean-Pierre Léaud escapando del colegio para ir al parque de diversiones, nos abrirá camino hacia el mundo interior de la vida de Antoine Doinel, el protagonista de la saga creada por Francois Truffaut. Antoine en la centrífuga, de cabeza, riendo, gritos, caras que se pierden a gran velocidad, mareo, el mundo patas arriba, él intentando despegarse de una gravedad aplastante, de miles de emociones de un mundo que nunca para, una sensación contradictoria de libertad y encierro.

Apenas descubrimos en pantalla a Antoine en Les 400 coups ya está metiéndose en líos. Sus mentiras constantes se vuelven una ficción tan grande que llega a “matar” a su madre para salvar su pellejo como acto de venganza hacia ella por haber sido un hijo no deseado. Doinel busca en las mujeres el deseo de atención que nunca recibió de su madre, pero no es correspondido. En Domicile Conjugal (1970), su amor finalmente es correspondido pero se sabotea a sí mismo y se comporta como la mujer que más odiaba: su madre.

Doinel fue un niño que creció antes de tiempo, y cuando finalmente llegó a ser adulto volvió a buscar el amor en la juventud, como si quisiera convertirse en el niño que no pudo ser. Doinel crea su fin del mundo a donde siempre regresa para sentirse vivo; aunque eso implique meter la pata.