Somos lo que somos

Por Mariana Andrade

La inauguración del Festival Eurocine 2016 coincide con los 15 años de Ochoymedio. Durante todos estos años, como ya lo hemos dicho, hemos habitado en La Floresta de Quito, un barrio que nos acogió y que ha permitido que seamos su cine, el cine del barrio. Este editorial no pretende abordar el tema festival ni las películas, porque para eso ya nuestros colaboradores, con el extraordinario trabajo de Ana Cris Franco a la cabeza como editora, lo abordan con sabiduría, ingenio y conocimiento. Quiero hablar del barrio, de la ciudad. Ser un cine de barrio, pequeño y cálido, me lo exige, me da la oportunidad de hacerlo.

Cuando empezamos la construcción del Ochoymedio, allá por el 97, La Floresta era, y sigue siendo, uno de los barrios más tradicionales de Quito con un alto sentido de lo cultural. Los vecinos siguen habitando sus hogares, algunos ya declarados como patrimonio de la Ciudad, y han compartido su territorio con artesanos, artistas, universidades, cafeterías, pequeños teatros y hasta un instituto de  cine, que hoy somos parte del mismo. Aquí existe una enorme diversidad y que fue cuna de grandes escritores, pintores, intelectuales, músicos.

El próximo año La Floresta cumplirá sus primeros 100 años y todos nos estamos preparando para el gran festejo. Su sentido de lo cultural se ha venido reforzando gracias al posicionamiento de emprendimientos culturales auto-gestionados y sus calles se han llenado de estudiantes de cine, de artistas que han abierto finalmente sus talleres para mostrar sus diferentes formas de trabajo y de ferias creativas que han fomentado el intercambio, el trabajo en red y la reactivación de la microeconomía local. El Ochoymedio se ha convertido con el pasar de los años, y tal como lo identifica claramente el COOTAD (Código Orgánico de Ordenamiento Territorial, Autonomía y Descentralización) en una centralidad cultural, es decir un sitio que brinda servicios culturales y que aporta al desarrollo humano del territorio en el que se asienta, pero que ha sido capaz de transformar y darle una personalidad propia a su entorno. Bien por eso.

Al mismo tiempo que el barrio mutaba, el Ochoymedio también se fue llenando de nuevos integrantes. Los tiempos del Camilo, del Rafael y de otros queridos amigos, han ido quedando en el pasado. Con ellos hicimos la historia de los primeros 15 años y se agradece con el corazón, todos sus aportes porque siempre serán referencia importante. Estuvieron ahí en el momento adecuado y contribuyeron a ser lo que somos.

Ahora nos enfrentamos a los próximos 15, con gente nueva. Ari, Diego, Ana Cris, Sayri, Pamela y la incondicional Carlita que siempre está cerca, son parte de una generación que tiene sus propias utopías, o que simplemente admiten sin miedo, que ya no las tienen, son los que están al mando. Son parte de esa generación que entiende el valor de la palabra y de la imagen dentro de los nuevos conceptos de la Comunicación y el Cine. Estos nuevos habitantes del Ochoymedio, son los que ahora le dan una personalidad renovada y distinta a esta edición del Eurocine y que son capaces de incorporar lo clásico, de respetarlo, pero que apelan porque en esta edición se incorporen también las nuevas tendencias. Son los que dan rienda suelta a su imaginación, persistencia y sensibilidad, para enfrentar el día a día, para investigar qué quieren los nuevos públicos, para saber qué películas programar, que festivales organizar, pero que sobre todo tienen que enfrentar el futuro, y yo junto a ellos con los siempre valiosos aportes de Gabriela, la economista de la cultura, el reto de lograr el cambio tecnológico que requiere nuestro cine y que es cada vez mas necesario y reclamado por nuestro público, sin perder la esencia de lo que siempre hemos sido.

Pero para que el espíritu de nuestro cine de barrio perviva junto a sus nuevos habitantes, éste debe adaptarse a los cambios que el barrio y la ciudad demandan. Los dos están en medio de una profunda transformación y deben decidir juntos cómo convivirán en los próximos años.

El Ochoymedio es para el barrio, como la sala de nuestra casa. Ahí es donde habitamos todos y donde a veces priman las acciones individuales guiadas por el miedo a los extraños, a la diferencia, a la diversidad. Todos debemos cuidar que esa tendencia conservadora y reaccionaria – que aparece cada cierto tiempo y que no soporta el cambio – no crezca. Debemos apoyar que  los espacios públicos que nos rodean, se vuelvan atractivos y seguros para su gente y que dinamicen la economía local. Debemos promover la pacificación de sus calles y de sus habitantes, aportando al cambio de mentalidad. El Ochoymedio debe ser parte de todos los diálogos y contribuir, desde el cine, desde las distintas expresiones culturales que en sus salas se manifiestan, para que esa sea la norma de convivencia. Debemos apoyar la construcción de nuevas dinámicas culturales compartidas para que sean adoptadas por todos y cada uno de los que en La Floresta habitamos. Debemos hacer todo lo necesario para lograr cada vez más, una comunidad viva, una ciudad sostenible y, en general habitantes más amigables  con todos.

Nuestro pequeño cine, ahora tiene un filántropo privado grande a su lado, una empresa que apuesta por la Cultura y por los espacios que la contienen, que ha confiado en nosotros y nosotros en ella. Esta nueva relación, este modelo de co-gestión entre privados, tiene que ser fructífera para que subsista en el tiempo y se convierta en un modelo a seguir por otros.

Nuestro Ochoymedio, ha escrito la historia de las dos últimas décadas del cine ecuatoriano y sus pantallas guardaran ese registro que no podrá borrarse con el tiempo ni de la memoria de la ciudad y el país. Porque lo que ofrecemos aquí, y lo seguiremos haciendo por los años que nos queden, “es el placer de ver películas, el calor y la cercanía de un cine de barrio”.